viernes, 17 de noviembre de 2017

El pequeño James

El invierno tímido pero intenso, bañaba las calles de la ciudad; la mañana se cernía sobre los edificios antiguos y sobre la gente que pronto se despertaba. El silencio era escaso; el sonido de los coches retumba en las calles, en busca de aparcamiento para dejar a sus hijos en la escuela o simplemente marchaban hacia el trabajo.

La ciudad rebosa de normalidad, para mi desgracia mi mañana no fue tan corriente como la de otros...

La mañana del 13 de noviembre tuve el placer de conocer a uno de los niños más fuertes del planeta, su nombre era James. Era un niño de 5 años un tanto introvertido, pero intenso a la hora de hablar. Sus ojos grises son los más hermosos que pueda haber visto, reflejaban a la perfección la inocencia del pequeño. Un rizo adornaba su frente pálida aportándole un toque rojizo a su rostro redondeado, rozando su nariz pequeña llena de pecas. Pena me dio a mi ver; que su piel, blanca como un lienzo, estaba adornada con tonos morados y azules otorgados por su flamante padre.

Él me contaba con ilusión sus gustos cinematográficos y sus cuentos favoritos, su rostro brillaba al explicarme por que le gustaba más una historia que otra; y mientras hablábamos; podía apreciar, en el rostro cansado y entristecido, el dolor latente de su abuela, al sentirse impotente ante la situación que había acontecido en casa del pequeño James. Cuando el pequeño fue un momento al baño, aproveché y me arme de valor para preguntarle a su abuela lo sucedido, la mujer con los ojos vidriosos comenzó a contarme la historia del pequeño.

Los padres de James se habían separado pues el hombre tenía la afición de destrozar la vida de su esposa; tras el trámite de divorcio; se celebró un juicio en el se dictaminaba el régimen de visitas del niño. Tras las dos primeras visitas, el padre comenzó a comportarse de manera agresiva con el pequeño; ya fueran gritos o golpes, el niño llegaba llorando a su casa en busca de auxilio. Su madre atemorizada y dolida vino a denunciar el maltrato por parte del padre hacia su niño, pero su acto, por desgracia, no caló en la mente de nuestro amado sistema judicial. Al mes se celebró un juicio en el que el exuberante juez, dictaminó que el pequeño se autolesionaba para llamar la atención de sus progenitores, así que no suspendió el régimen de visitas. El abogado desconcertado le recomendó a la familia que cada vez que se repitiera los ataques, que denunciarán...

La abuela de James; con un nudo en la garganta se atrevió añadir mirándome a los ojos: _Esta es la quinta vez que mi pequeño viene a este lugar por culpa de mi ex-yerno_.

Yo me quede perpleja ante toda esta situación, ¿Cómo puede permitir el sistema que un niños de 5 años sufra constantemente?¿Alguien me lo puede explicar?

No he vuelto a ver a ese pequeño, pero su imagen quedó grabada en mi mente. Ojalá y algún día paguen por el dolor y sufrimiento que le han causado a este pequeño; y a parte de su familia. Recuerda, querido tribunal, tu incompetencia es la tortura de otros.


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