miércoles, 14 de abril de 2021

LAS PRISAS NUNCA FUERON BUENAS


          La vacuna ya está aquí, y a día de la escritura de este artículo, alrededor de medio millón de personas ya han sido inoculadas en todo el mundo. Una gesta como poco recalcable si tenemos en cuenta que apenas ha transcurrido un año desde que la farmacéutica estadounidense Pfizer, anunciase el inicio de los primeros ensayos. A continuación, expondré cómo se ha conseguido esto, y cuáles podrían ser las consecuencias de un lanzamiento tan precoz.

          La proeza farmacéutica ha sido posible en gran medida a una reducción en los plazos y las exigencias que implican el desarrollo de una vacuna. Todo ello, consecuencia de la premura con la que los países afectados por la crisis de la pandemia han afrontado la situación. Menos tiempo de pruebas va asociado directamente con una disminución de la rigurosidad científica, y a una serie de riesgos. No tardó en llegar el primer susto, cuando la inoculación con lotes de vacunas de AstraZeneca fue suspendida en varios países tras unos casos puntuales de trombosis. Afortunadamente nada grave, aunque no por ello será menor la reticencia a vacunarse que este episodio podría generar en la población.

A veces las tragedias se olvidan con demasiada facilidad. También víctimas de las prisas fueron los 10 niños que, en la década de los cincuenta en Norteamérica, fallecieron a causa de polio paralítica, una enfermedad que afecta directamente al sistema nervioso y que fue provocada por la vacuna que, en un principio, estaba diseñada para prevenirla.

Es preciso, y con esto concluyo, a la hora de desarrollar una vacuna proceder con disciplina y cautela. No se debe ceder seguridad en pos del mero beneficio económico, de lo contrario la esperanza puede convertirse rápidamente en lamento.

Abián Bordera Lima, 1º Bach A

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